RF - El Principito y el zorro

May 8th, 2010

Hoy comparto con vosotros mi capítulo favorito de El Principito.

Muchas veces mi amigo Marcos y yo, en nuestras terapias telefónicas, hemos comentado esta escena en la que se refleja el sentido del compromiso, la importancia real de las cosas y la necesidad de alimentar la ilusión. Este libro es una referencia en mis experiencias, y este episodio una interpretación de mis pretensiones.

Entonces apareció el zorro:

— ¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.
—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!
—Soy un zorro —dijo el zorro.
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa “domesticar”?
—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?
—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa “domesticar”?
—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? —volvió a preguntar el principito.
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa “crear vínculos… “
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en ese planeta?
—No.
—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
—No.
—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor… domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.
—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.
—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.
—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.
—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

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RF - No inventemos tanto

March 22nd, 2010

Qué valientes soldados somos con los amores platónicos. Con nuestra copa de vino soñamos con montañas rusas, y en la cumbre del viaje besamos el cielo porque es gratis. Levantamos los brazos, ¡hey, voy sin manos, sin manos, miradme! Qué colores rosados tienen las alturas, cómo vuelan las mariposas aquí arriba, qué mareo de sensaciones prefabricadas. Con las cosquillas del vértigo hasta nos olvidamos de las cicatrices del suelo.

En este paraíso gobernamos el juego y colocamos las constelaciones a capricho. Las estrellas visten la pista de baile y damos vueltas y vueltas agarrando fuertemente otras manos. Los corazones de los caballeros se regalan con lustrosos lazos que atrapan cinturas de bellas damas. Los corazones de las princesas se regalan con apasionadas coreografías que conquistan el ego de heroicos capitanes.

No existen errores en los guiones de nuestras aventuras. Incluso cuando bajamos para darle realismo, nunca lloramos porque nunca caemos. Y es que las ilusiones están hechas de algodón y no duelen. Los desencantos son pompas de jabón que soplamos y se alejan. La lluvia no moja y el sol no quema. Las rosas no pierden su encanto y el sabor de los besos no caduca. Es en la eternidad del enamoramiento que falsificamos donde nunca sufrimos.

Lástima que la vida tenga escenarios tan diferentes. Donde los hombres son hombres y las flores se marchitan. Donde se besa el cielo, pero también se besa el suelo y jamás es gratis. Donde se derraman copas de vino sobre las cicatrices que arrastramos. Donde agarramos manos que luego se sueltan para agarrar otras. Donde tropezamos en el baile y al caer lloramos. Donde los lazos se rompen sin pompas de jabón que nos consuelen.

La realidad que no inventamos es donde vivimos. Y aún así, yo elijo vivirla. Porque las películas con finales previstos me aburren. Porque los besos no saben a caramelo pero los siento en mis labios. Porque prefiero los girasoles a las rosas de papel. Porque muchas princesas preferimos elegir nuestros vestidos. Porque a amar se aprende amando. Y todo lo demás…es fruto de nuestra imaginación. ¡A vivir!

No sabes lo que te pierdes, chica…
“Prefiero amores platonicos, consuelo de tontos solitarios,prefiero amores imposibles, consuelo de haber perdido demasiado.” Julieta Venegas - Canción: Amores platónicos - Álbum: Otra cosa (2010)

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LL - Sonatina de Rubén Darío

March 18th, 2010

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

“No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura”
Rubén Darío

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RF - Días de entrenamiento

February 6th, 2010

Me confieso, no soy sincera. Me empeño en dejar limpio mi camino pero a veces se me caen de los bolsillos palabras amañadas ya que no puedo evitar el trueque de la claridad por la inteligencia. Aprendo a resguardar mi vulnerabilidad bajo el abrigo de la apariencia cuando hace frío para unirme a la ficción colectiva. Soy una mentirosa, pero vosotros también.

Adopto rápido formas complejas de protección y vivo días de entrenamiento en habilidades de defensa. Practico técnicas de distracción para esconder la inseguridad y asegurarme la inmunidad. Robo ideas de disfraces cristalinos que veo en la calle que sirven para cualquier fiesta de confidencias espontáneas. Soy una tramposa, pero vosotros también.

Me presento como directa en mis comunicaciones pero no voy a sacrificar la prudencia. Observo los detalles del tablero y pienso en cómo escapar para salvar a la reina de una muerte súbita. Vigilo el baile de los verbos presentes antes de publicar ningún ensayo temerario. Soy una cobarde, pero vosotros también.

Soy una participante más de la vergüenza y una aprendiz más de la naturalidad. Soy una presa más del miedo y una visionaria más de la franqueza. Al fin y al cabo soy, como vosotros, una humana más que acaba de mostrarse aquí tal y como es.

“No hay cosa de la que tenga tanto miedo como del miedo.”
Michel Eyquem de Montaigne

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RF – La purpurina de las mariposas

December 7th, 2009

Ref: La reina que dió calabazas al caballero en el reencuentro entre ambos un año después…

Existen ciertos caballeros de armadura oxidada y ciertas reinas de brillante corona que son capaces de hablar sobre sus propios episodios sentimentales y analizar los romances del opuesto con total lógica experimental.  Opinan entre cocacolas y patatas fritas del sentido del sacrificio y de la importancia de la entrega en el amor. Juzgan los corazones atormentados y rechazan los intentos fallidos de sus propietarios por encontrarles su sitio.

Se quejan de la naturaleza salvadora de su afecto y de la egoísta condición de sus amantes. No comprenden la  adversidad de sus destinos ni la confusión de sus ídolos. Rabian ante el fracaso de sus jugadas  y ante el dolor con el que terminan.  Lloran cada cicatriz que ganan en todas sus batallas y cada ultraje que cobran en sus temerarias cruzadas por la pasión.

No es difícil ser poeta en la derrota ni compadecerse ante el ocaso de la ilusión. Es humano lamentarse por la ruina de tus aspiraciones y por la decadencia de tus dioses. Es justo rebelarse ante la trampa de la purpurina que desprenden las mariposas al enamorarse. 

Pero no es fácil reconocer que los sueños que persigues ya tienen forma y están a tu alcance. Hay que ser muy valiente para despertar de la fatiga de tantas búsquedas y abrazar la quimera que se encuentra frente a ti.  Y es que desprenderse de la conveniencia del victimismo es sólo propio de intrépidos realistas.

Un caballero de armadura oxidada no siempre es lo suficientemente fuerte para aceptar que puede no perder en el atrevimiento. Una reina de brillante corona no siempre es lo suficientemente fuerte para aceptar que puede no perder en el idealismo. Porque hay ocasiones en las que la purpurina de las mariposas que vuelan cerca no es tramposa.

“Cuando se quiere dar amor, hay un riesgo: el de recibirlo.”
Molière

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